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Ysabela Coll

"Espero que mi arte no solo les muestre la naturaleza, sino que los haga sentir parte de ella."

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Texto curatorial

 

“INTERCONEXIÓN”

 

Antes de nombrar el mundo, aprendemos a mirarlo. Como señala John Berger al inicio de Modos de ver, la visión antecede a las palabras y constituye una de nuestras primeras formas de conocimiento, así como el principio de la relación que establecemos con aquello que nos rodea[1]. Esta idea encuentra una resonancia particular en la obra de Ysabela Coll, cuya práctica artística surge de un prolongado ejercicio de observación, inmersión y convivencia con la naturaleza.

Interconexión, su primera exposición individual, marca un momento significativo en una trayectoria reconocida internacionalmente por la excelencia de su fotografía de naturaleza. La muestra reúne cerca de treinta obras, entre ellas, un núcleo de fotografías seleccionadas entre las imágenes con las que ha obtenido más de treinta premios internacionales. Junto a estas piezas galardonadas, se presentan obras en diversos formatos que muestran el desarrollo de su práctica: desde la observación rigurosa del mundo natural hasta la experimentación con recursos pictóricos y la intervención de la imagen, en un diálogo cada vez más decidido con el lenguaje de la abstracción.

Desde muy joven, el océano se convirtió para Ysabela en un espacio de exploración, aprendizaje y reflexión. La experiencia del buceo transformó su manera de percibir: bajo el agua, la luz se refracta, los colores cambian, las referencias espaciales se diluyen y el movimiento nunca se detiene. Mirar en ese entorno exige otra disposición del cuerpo, otra relación con el tiempo y una atención particular a fenómenos que, en la superficie, podrían pasar inadvertidos.

 

Aunque sus fotografías parten de un profundo conocimiento del medio natural, no se limitan a clasificar o documentar especies. Mediante puntos de vista poco habituales, planos de detalle y encuadres parciales, Ysabela concentra en elementos mínimos la complejidad visual de cada organismo. Una porción de piel, filamentos o una estructura coralina pueden ocupar todo el campo visual y adquirir la amplitud de un paisaje. Así, la atención se desplaza de la identificación de la especie hacia el ritmo, la textura y la vibración.

En estas obras, la interconexión deja de ser solamente una idea y se hace visible en redes, agrupaciones, repeticiones y ramificaciones. Cada forma parece continuar en otra y cada organismo se revela como parte de un sistema mayor. El océano, los bosques, y las especies que los habitan aparecen como componentes de una misma trama de relaciones que también incluye nuestra propia presencia.

El movimiento constituye otra línea esencial de la exposición. El vuelo de las aves se prolonga en sus reflejos; el desenfoque convierte el cuerpo en estela; los recorridos de cardúmenes y bandadas introducen direcciones y tensiones, mientras el agua altera, fragmenta o duplica las formas. La fotografía deja así de limitarse a fijar un instante y comienza a hacer perceptible el tiempo que atraviesa la imagen.

En otras piezas, Ysabela explora los límites entre lo visible y lo oculto. Una silueta se descubre gradualmente, un animal emerge entre sedimentos o vegetación y el límite entre el cuerpo y su entorno se vuelve incierto. Esta tensión entre figura y fondo demora el reconocimiento y convierte la observación en un acto de descubrimiento.

 

En las obras de mayor experimentación plástica, el referente natural cede protagonismo a sus cualidades visuales. Corales, reflejos, medusas, vegetación acuática y las corrientes del agua se transforman en líneas, texturas, patrones, transparencias y estructuras cromáticas. La abstracción como lenguaje se convierte en una forma  de revelar la energía y transformación constante de esa realidad.

 

Ysabela describe esta búsqueda como el deseo de “pintar el movimiento del océano” y de “transformar la fotografía en pintura”. Mediante superposiciones, intervenciones digitales y recursos pictóricos, prolonga el acto fotográfico y amplía sus posibilidades expresivas. La imagen deja de ser un resultado definitivo para convertirse en un campo abierto de interpretación y creación.

 

El blanco y negro introduce otro registro dentro de la muestra. Al prescindir del color, la artista concentra la atención en los contrastes, las texturas y las siluetas, y encuentra en las propias imágenes posibilidades para explorar lo lúdico, lo insólito y lo inesperado. Una sombra puede actuar como un segundo personaje; un gesto fugaz puede adquirir un carácter teatral o enigmático. La naturaleza se presenta así no solo en su dimensión orgánica, sino también como un territorio fértil para la imaginación y la creación.

 

La versatilidad de Ysabela Coll se expresa en una mirada que transita con igual rigor entre el mar, la tierra y el aire. Sus inmersiones, vuelos y encuentros con animales de comportamiento imprevisible evidencian su dominio técnico, su capacidad de adaptación y su respeto por el entorno.

 

Muchas de las especies y ecosistemas registrados en sus fotografías enfrentan situaciones de vulnerabilidad. Ysabela se aproxima a ellos desde la belleza y el asombro, buscando generar un vínculo emocional capaz de despertar una conciencia más atenta sobre su fragilidad y nuestra responsabilidad frente al mundo natural.

 

Presentar Interconexión ante el público dominicano, en el marco de la XII edición de Photoimagen, es también una forma de celebrar y reconocer la trayectoria de Ysabela Coll, cuya obra ha llevado el nombre del país a importantes escenarios internacionales. Al reunir sus obras premiadas con propuestas artísticas recientes, la exposición nos acerca a una artista en plena evolución y nos convoca a reflexionar sobre nuestra relación con la naturaleza. Interconexión deja así una pregunta esencial:

 

¿Cómo miramos aquello de lo que formamos parte?

 

Dra. Paula Gómez Jorge

Curadora

 

[1] John Berger, Modos de ver ( Gustavo Gili, 2016), 7.

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Álvarez+Coll Photo

Texto de José Alejandro Álvarez

 

Ysabela fue el artífice de nuestra Sociedad, y luego de tantos años dedicado a la fotografía submarina, lo vi como una suma a ese empeño que yo tenía en mostrar la maravilla que para la mayoría permanece oculta bajo el mar. 

 

Me alegró sobre todo saber que mi trabajo se podría convertir en un legado porque contaba ya con alguien a quien pasar la antorcha. Sentí que las maneras en que visualizamos el mar son muy diferentes, pero a la vez son totalmente complementarias, y al unirlas nos hacen más fuertes. Y así fue, considero que con esta unión hemos logrado hacer más poderoso el mensaje de conservación y el despertar la admiración hacia el mundo submarino en quienes ven nuestras imágenes.

 

Pero, más que una suma fue realmente una transformación: ella ha ido evolucionando a una velocidad que solo explica el talento innato propulsado por una pasión incontenible, también me ha hecho evolucionar a mí, y su visión y su exploración artística me han conmovido profundamente.

 

Para mí es alucinante el resultado de su trabajo, nunca se me habría ocurrido esa forma de sentir el mar, de transmitirlo.  Sus obras muestran un mar que ni siquiera aquellos que bucean lo pueden apreciar, es una visión única y extraordinaria de lo que hay en el fondo del mar y lo que hay en el fondo de su corazón, es el Mar de Ysabela, y espero que podamos seguir disfrutando por muchos años su deseo de compartirlo con los demás.

José Alejandro Álvarez

Co-fundador Álvarez+Coll Photo

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